¿Qué es?
El alcohol es una de las
drogas más consumidas en nuestra sociedad, íntimamente ligada con la diversión
y acompañamiento en nuestras actividades sociales lo que la ha contribuido a
extender su consumo y que no esté socialmente mal visto, como si sería el caso
de otras drogas.
Su principal componente,
el etanol (CH3CH2OH) es un depresor del sistema nervioso central que adormece
progresivamente nuestras funciones cerebrales y sensoriales.
Incidencia en el deporte
Un problema importante
derivado del consumo de alcohol viene relacionado con los efectos que produce
sobre la liberación de la hormona del crecimiento.
Esta hormona juega
un papel fundamental en la regeneración, reproducción y crecimiento de los
tejidos del organismo, cuando sus niveles son bajos el desarrollo muscular no
se llevará a cabo de forma óptima.
Esta hormona es
secretada principalmente durante las primeras horas de sueño en la noche y el
alcohol tiende a interrumpir los ritmos naturales de nuestro sueño, por lo que
la liberación de esta hormona disminuirá en su cantidad.
Otro factor a considerar es el efecto del alcohol sobre la testosterona.
La testosterona es otra hormona asociada con el crecimiento muscular y
cuando consumimos alcohol se produce una sustancia tóxica en el hígado que
disminuye la concentración de está en el cuerpo, resultando en una disminución
del desarrollo muscular.
También su consumo incide directamente en nuestra recuperación muscular.
Puesto que el alcohol es una toxina en el cuerpo, la energía se va a emplear en
eliminar del sistema esa toxina y para recuperarse de los efectos negativos que
ha tenido en los tejidos. Dado que esto lleva tiempo y las reservas de energía
son limitadas, el cuerpo no tendrás la energía necesaria para recuperarse
de los entrenamientos, por lo que nuestro rendimiento durante la actividad
física se verá mermado.
La deshidratación es otro factor a tener en
cuenta, ya que, el alcohol actúa como un diurético en el cuerpo, a menos que
estés seguro de remplazar el exceso de líquido con agua u otra bebida no
alcohólica que no contenga cafeína, el saldo natural de agua se verá afectado.
La deshidratación conllevará desde la sensación de fatiga que causa bajo rendimiento
físico, una mayor sensación de apetito hasta la interrupción de la capacidad de
las células musculares para producir ATP (principal fuente de energía
muscular).
Aparte de la energía ATP, la siguiente fuente de energía requerida
para llevar a cabo el trabajo muscular es el glucógeno muscular.
Cuando se consumen bebidas alcohólicas, la síntesis de alcohol tendrá prioridad
sobre la síntesis de glucógeno dando lugar a una disminución en las reservas de
las células musculares.
Resultado, menos energía para entrenar y peor rendimiento.
Cuando se trata de actividades aeróbicas, el
alcohol también afecta al rendimiento. Puede causar un aumento en la presión
sanguínea en todo el cuerpo lo que se traducirá en un incremento del
ritmo cardíaco. Si contemplamos que nuestro corazón ya estará trabajando a un
ritmo mayor durante las actividades aeróbicas, el estrés adicional del alcohol
únicamente amplificará el ritmo cardíaco y provocará que nuestra capacidad
aeróbica se vea mermada.
Por último el consumo
de alcohol supone un incremento de calorías (calorías vacías).
Por lo general, las bebidas alcohólicas tienen un escaso o muchas
veces nulo aporte nutritivo.
Conclusión
La ingesta de alcohol
indudablemente repercutirá en una disminución de nuestro rendimiento físico y
crecimiento muscular.
Lo aconsejable sería
moderar el consumo del mismo y no excedernos en su ingesta… pero bueno, eso ya
os toca decidirlo a vosotros, ¿no creéis?.

