El
LCA es el origen de las principales lesiones ligamentosas de rodilla en el
deporte.
La rodilla es una articulación con movimiento
de bisagra formada por el extremo inferior del fémur, los extremos superiores
de la tibia y del peroné y la rótula. La rótula está unida a la articulación
gracias a los ligamentos rotulianos (medial y lateral) y a la tuberosidad de la
tibia mediante el ligamento de la rótula.
Las superficies articulares del fémur y de la
tibia tienen cierta conformidad y estabilidad debido a su anatomía. A esta
estabilidad contribuyen también los meniscos, la cápsula y los ligamentos.
Los ligamentos son haces de fibras de colágeno
que tienen como función limitar el desplazamiento de la articulación por encima
de los límites anatómicos y biomecánicos.
Los principales son:
Ligamento lateral interno, en la parte
interior de la rodilla, que previene de deformidades en valgo, que la rodilla
se doble hacia adentro.
Ligamento lateral externo, en la parte
exterior de la rodilla, que evita que se deforme en varo, hacia afuera.
Ligamento cruzado posterior, que impide el
desplazamiento a posterior de la tibia con respecto al fémur.
Ligamento cruzado anterior,
impide el desplazamiento hacia delante de la tibia con respecto al fémur y
proporciona cierta estabilidad rotacional a la rodilla. El ligamento
cruzado posterior se “cruza” con el LCA dentro de la rodilla formando una
"X"; es por esto que se los denomina ligamentos "cruzados".
El LCA es la estructura que se lesiona con mayor frecuencia.
Causas de la lesión
del LCA:
Puede destacarse que será susceptible de
lesionarse ante situaciones forzadas de rotación interna del fémur o externa de
la tibia, así como también puede verse altamente comprometido en aquellos
movimientos en los que se provoque de manera forzada un desplazamiento anterior
de la tibia.
- Detenerse súbitamente o realizar cambios bruscos de dirección.
- Desaceleración exagerada.
- Torcer violentamente la rodilla aterrizando incorrectamente tras un salto.
- Extensión exagerada de la rodilla “hiperextensión”. Ej: Dar una patada al aire o en falso.
- Por contacto directo, colisión o traumatismo.
- Accidentes automovilísticos.
Entres los factores que pueden predisponer a esta lesión podemos encontrar el tipo de
actividad deportiva o laboral, la laxitud articular, los defectos de rotación
de las extremidades, o de angulación, como en genu valgo...etc. Así mismo, varios estudios han
demostrado que las mujeres atletas tienen una incidencia mayor de lesiones del ligamento
cruzado anterior que los hombres atletas en determinados deportes. Se ha
sugerido que se debe a diferencias en el estado físico, la fortaleza muscular y
el control neuromuscular. Otras causas sugeridas incluyen diferencias en la
alineación de la pelvis y extremidad inferior (pierna), mayor holgura en los
ligamentos, y efectos de los estrógenos en las propiedades de los ligamentos.
Otros factores que contribuyen o aumentan las
posibilidades de lesión del LCA son situaciones hormonales, uso crónico de
esteroides, enfermedades sistémicas como diabetes, artritis reumatoide.
Con frecuencia las lesiones del LCA no
ocurren solas, coexisten con lesiones de los meniscos o de otros ligamentos.
Los adultos generalmente se rompen su LCA en
la parte media del ligamento o el ligamento se “arranca” literalmente del
fémur. Existen las roturas parciales o roturas que afectan a una parte del
espesor de las fibras del mismo, pero sin romperse la envoltura de sinovial que
lo recubre. A la larga las roturas parciales, si el deportista mantiene su
nivel de actividad física, se convierten en totales, y las roturas totales aún
aisladas, si el deportista mantiene su nivel de actividad física, predisponen
la aparición de lesiones asociadas de otras estructuras de la rodilla,
meniscos, cartílago…etc.
Síntomas
Cuando se produce la lesión del ligamento cruzado
anterior, se escucha un "crujido" y se siente que la rodilla cede
dejándonos sin apoyo.
Otros síntomas típicos incluyen:
- Dolor con inflamación.
- Pérdida del rango completo de movimiento.
- Dolor a la presión a lo largo de la línea articular
- Incomodidad o dificultad al andar.
Tratamiento quirúrgico y rehabilitación
El
LCA, al igual que el ligamento cruzado posterior (LCP) y el ligamento lateral
externo, es un ligamento "cordonal" a diferencia de los ligamentos
del complejo interno de la rodilla que son ligamentos "acintados".
Este dato es de gran importancia práctica pues los ligamentos cordonales, tras
la rotura, sufren retracción de sus extremos y nunca restablecen su
continuidad. De esto se deduce que el tratamiento de una rotura completa del
LCA debe ser la cirugía. Es decir, el ligamento es cordonal siendo el aporte vascular externo lo que
implica que las fibras del ligamento roto son incapaces de repararse por sí
solas.
El ligamento cruzado anterior se debe
reconstruir o sustituir utilizando un injerto. Las intervenciones se realizan
por artroscopia.
El injerto utilizado puede ser del propio
paciente o de cadáver. Los injertos sintéticos están en desuso.
Los injertos más comúnmente utilizados
son:
Tendón rotuliano autólogo (HTH).
Tendones de la “pata de ganso”, de la parte
posterior del muslo (Semitendinoso y recto interno).
Injerto de cadáver (tendón rotuliano, tendón
Aquiles, tendón cuadricipital, etc.)
La rotura del LCA creará una inestabilidad
crónica de la rodilla, provocando en el paciente la sensación de inseguridad en
la misma, limitando la actividad física, laboral o deportiva y muchas
actividades de la vida diaria que implican giros de la rodilla.
Aunque la falta de LCA no siempre produce una
perdida funcional importante (algunos deportistas han podido superar esta
lesión y tener rendimientos deportivos de élite, con el cruzado roto), está
indicada su reparación. Especialmente en los deportistas debe repararse el
ligamento roto no sólo para volver a su actividad deportiva sino también, para
prevenir el riesgo de rotura del menisco y evitar cambios degenerativos
articulares. El dolor y la limitación funcional son los que determinan la
indicación de cirugía.
Aquellos pacientes que además de la lesión
del LCA presenten una lesión de los meniscos sintomática (hasta el 50% de las
lesiones del LCA pueden asociar, a la larga, roturas de los meniscos) pueden
someterse a cirugía para reparar solamente las roturas inestables de los
meniscos, cuya recuperación es más rápida que la del LCA.
La rehabilitación comienza inmediatamente
después de la cirugía, con ejercicios activos y pasivos para evitar perder
musculatura y recuperar el rango de movilidad lo antes posible.
La rehabilitación tiene varias fases.
Generalmente se protegen los ejercicios contra resistencia durante 6 semanas,
se mantienen las muletas 3-6 semanas, el paciente puede empezar a correr entre
el 3º-4º mes y recupera su nivel de actividad previo, para la competición a
partir del 6º mes, desde la operación. El protocolo de fisioterapia se inicia
durante la primera semana y puede durar hasta seis meses.
Es importante en estos pacientes mantener un
programa continuado de rehabilitación y potenciación muscular y modificar
algunas actividades. El uso de rodilleras de estabilización se aconseja sólo,
puntualmente, para ciertas prácticas deportivas, no para las actividades de la
vida diaria.
Después de la reconstrucción del LCA se
produce una debilidad del cuádriceps, siendo parte fundamental del tratamiento
rehabilitador recuperar la movilidad, fortalecer el cuádriceps, los
isquiotibiales y recuperar la propiocepción.
La atrofia del
cuádriceps después de la cirugía del LCA es un reto para cualquier programa de
rehabilitación.
